La disquería que cambió mi oído: El Cuarto Desconocido
«Hay discos que uno no compra: uno se los encuentra. En 1991 abrí una tienda de arriendo en Valparaíso y, sin saberlo, estaba armando el oído con el que hoy escucho el mundo.»
«Hay discos que uno no compra: uno se los encuentra. En 1991 abrí una tienda de arriendo en Valparaíso y, sin saberlo, estaba armando el oído con el que hoy escucho el mundo.»
[Texto simulado — reemplaza este cuerpo desde el editor de la entrada.]
Hay discos que no se buscan: se encuentran. Esta crónica nace de treinta años cavando entre surcos, de la disquería de arriendo en el Valparaíso de 1991 a las tiendas de Soho que hoy se recorren con la misma liturgia: llegar, saludar, hundir los dedos en el primer cajón.
Lo que sigue es memoria de trabajo: nombres, direcciones y discos que sostienen una escena. No es nostalgia — es archivo vivo, el mismo que alimenta Londres Llamando cada lunes y la serie Valparaíso Salvaje.
El surco que importa
Cada capítulo de esta historia cabe en un surco. La consigna del Círculo es simple: que la música importante no se pierda, y que quien la ama de verdad tenga dónde encontrarla.
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«La música no necesita pasaporte.»
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